⌕Desde mis ojos
Una invitación a mirar más allá de la conducta, comprender las necesidades y acompañarnos mejor entre todos.

La historia que dio origen al cuento
Como madre, veía que muchas de las cosas que le ocurrían a mi hijo no siempre eran fáciles de comprender para quienes le rodeaban.
¿Por qué necesita ayuda?
¿Por qué algunas cosas le cuestan más?
¿Por qué a veces necesita hacer las cosas de otra manera?
¿Por qué grita, corre, se esconde o reacciona así?
Y, demasiadas veces, todo terminaba reducido a una frase: «se ha portado mal».
Durante mucho tiempo escuché casi a diario cómo se había portado al salir del colegio. Yo intentaba explicar que detrás podía haber nervios, incomprensión, desbordamiento o una necesidad de anticipación, previsibilidad y apoyo.
Esa mirada terminó afectándole. A día de hoy todavía me lo pregunta a diario:
«¿Me estoy portando bien?»
Y precisamente uno de mis objetivos al escribir este cuento era romper ese esquema.
Una conducta no define a un niño. Comprender qué puede haber detrás de una crisis no significa ignorar lo ocurrido, sino intentar entender qué está pasando, qué factores pueden estar influyendo y qué apoyos pueden ayudar.
Como PT, además, llevaba años escuchando en el aula otras preguntas:
«¿Por qué él tiene ayuda y yo no?»
«¿Por qué a ella le dejan hacer eso?»
«Es que es autista».
«Es que tiene dislexia».
Sentía que faltaba una herramienta sencilla para hablar de necesidades, apoyos, diferencias y equidad con naturalidad y sin señalar.
Las gafas
La metáfora de las gafas ya existía mucho antes del cuento.
La utilizaba con mi hijo para explicarle que dos personas pueden vivir, sentir o interpretar una misma situación de maneras diferentes.
Con el tiempo pensé que esa imagen podía ayudar también a otras familias, niños y niñas, docentes y profesionales.
Así nació el hilo conductor de «Desde mis ojos»: unas gafas que nos invitan a mirar más allá de lo que vemos a simple vista.
Una historia, no todas las historias
El cuento está inspirado en la realidad de mi hijo, pero no pretende representar todas las realidades.
No aparecen todas las formas de comunicación, todos los apoyos ni todas las necesidades que podemos encontrar en nuestras aulas. No cabían en un solo cuento.
Por eso tampoco quise que el diagnóstico fuera el protagonista.
Los diagnósticos pueden ser importantes para orientar determinados apoyos o acceder a recursos, pero las necesidades de una persona no empiezan a existir cuando reciben un nombre.
No necesitamos conocer el diagnóstico de alguien para respetar que pueda necesitar más tiempo, anticipación, ayuda, descansos, otras formas de acceder a la información o diferentes maneras de comunicarse y participar.
No necesitamos entenderlo todo para respetar, pero intentar comprender cambia nuestra manera de acompañar.
Comprender antes de juzgar
«Desde mis ojos» también quiere ayudar a los propios niños y niñas a conocerse, identificar qué necesitan y encontrar maneras de comunicarlo.
Porque construir entornos accesibles no puede ser responsabilidad únicamente de quien encuentra las barreras.
Nos corresponde a todos.
Hablar de por qué una persona necesita un apoyo también es hablar de equidad. Tener más tiempo, utilizar apoyos visuales, unos cascos o realizar una actividad de otra manera no significa tener ventaja.
Significa recibir lo necesario para poder aprender y participar.
Porque «Desde mis ojos» no nació para explicar cómo es un niño ni para enseñar una lista de características.
Nació para invitarnos a mirar de otra manera.
A preguntarnos qué puede estar ocurriendo antes de juzgar. A dejar de comparar apoyos. A reconocer necesidades sin exigir etiquetas que las justifiquen. Y a comprender que puede haber muchas formas de sentir, aprender, comunicarse y participar.
Nació para ayudarnos a conocernos, comprendernos y acompañarnos mejor entre todos.
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